lunes, 30 de abril de 2012


Drogas en el trabajo

La subsecretaria adjunta del Departamento de Estado de Washington, Roberta Jacobson, ha recibido corroboración de una fuente inesperada luego de quejarse el miércoles pasado de una cooperación deficiente contra el narcotráfico como una de las varias “dificultades” que afligen las relaciones entre la Argentina y Estados Unidos; un día después, el líder de los trabajadores de la construcción organizados en la UOCRA, Gerardo Martínez, atribuyó los tiroteos entre miembros del sindicato al narcotráfico. Se trata de una escalada alarmante del problema de la droga luego de las recientes señales de que una parte de la épica violencia de los cárteles de Colombia ha migrado a este país debido al estado inmensamente mejorado de la ley y el orden en ese país. Durante años, se ha creído con cierta complacencia que la droga (especialmente el letal “paco”) es principalmente un problema de las villas que viven en los márgenes de la sociedad; las declaraciones de Martínez han llevado los narcóticos a los lugares de trabajo de la economía central. Tampoco fue una obra de construcción común y corriente la que eligió Martínez para ilustrar su argumento; declaró que una encuesta sindical había revelado que no menos del 15% de los obreros que trabajan en la planta de energía atómica Atucha 2 se drogan, generando temores potenciales de que quizás no haga falta necesariamente un tsunami para provocar un desastre nuclear en la Argentina.
La droga ya no es más un problema del lumpenproletariado, sino, efectivamente, un asunto de la clase media; dados los aumentos salariales para los sindicatos que generalmente han estado por encima de la inflación en los últimos años, mientras que los salarios ejecutivos y profesionales han quedado atrás, tanto que hoy en día muchos trabajadores ganan más que sus superiores, los miembros de la UOCRA pueden equipararse con la clase media en un sentido económico cuando no cultural. Quizás esta penetración en la clase media explique la creciente popularidad de las propuestas para despenalizar el consumo personal de drogas, con el argumento de que el castigo fomente las organizaciones delictivas al igual que con la Prohibición del alcohol en los Estados Unidos entre 1920 y 1933. Este debate entre la legalización y las acciones más efectivas contra el narcotráfico debió haberse desarrollado a nivel hemisférico en la reciente Cumbre de las Américas en Cartagena, pero en lugar de ello, las diferencias con respecto a la presencia de Cuba fueron utilizadas para eludir el tema, junto con tantos otros problemas importantes. En realidad, el narcotráfico es uno de esos “problemas sin pasaportes” a nivel global que necesita ser abordado a nivel mundial, pero, al igual que la caridad, la respuesta de la sociedad empieza por casa, comenzando en el barrio pero sin eximir al Estado de su responsabilidad.
Hace mucho que sabemos que la droga amenaza nuestra seguridad a través los delitos violentos, pero según Martínez, su amenaza podría extenderse también a las plantas de energía nuclear.

 http://www.buenosairesherald.com/article/99460/drogas-en-el-trabajo

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