domingo, 9 de diciembre de 2012


Tiempo de excesos
Sábado 08 de diciembre de 2012

Una Navidad pasada por alcohol

10:29 pm  - José Adán Castelar  Cada hondureño podría tomarse 15 cervezas y casi 10 octavos de guaro en Navidad, cifras que según el Ihadfa equivalen a 120 millones de cervezas y 77 millones de octavos de aguardiente.
Cada hondureño podría tomarse 15 cervezas y casi 10 octavos de guaro en Navidad.
Cada hondureño podría tomarse 15 cervezas y casi 10 octavos de guaro en Navidad. (El Heraldo)
Tegucigalpa, Honduras
Cada hondureño, incluidos bebés, escolares, colegiales, adolescentes, abstemios, ascetas, y todos los demás, podrían tomarse 15 cervezas en Navidad y casi 10 octavos de guaro. Pero al quitar la estadística solo queda un grupo que consumirá en cantidades navegables todo el alcohol que pueda, para despedir un año miserable o inmejorable y esperar un insospechado futuro en Año Nuevo.
Probablemente las cifras del consumo de bebidas alcohólicas se parezcan a las de muchos países, el problema es el intervalo que media cada vez que “empinan el codo”; a lo mejor un europeo se toma la mitad de una botella de vino para almorzar y lo mismo para cenar, y llega a 30 botellas al mes; mientras que un hondureño se aguanta una semana y luego se bebe 10 cervezas cada viernes y, por supuesto, esto deja más borrachos en las calles hondureñas que en otras partes.
El poeta francés Charles Baudelaire escribió que para soportar los problemas cotidianos y las marcas atroces del tiempo, uno debería de entregarse a los placeres olvidadizos: permanecer borracho en todo momento. La embriaguez, obteniéndola “con vino, con poesía o con virtud, como queráis”.
Los hondureños no necesitan esa recomendación del autor de “La flores del mal”; por eso en el Instituto Hondureño contra la Drogadicción y la Farmacodependencia (Ihadfa), encienden las alarmas porque calculan que en estas navidades se consumirán 120 millones de cervezas y 77 millones de octavos de aguardiente.
EL ALCOHOLISMO LIGADO A LA HISTORIA HUMANA. Aunque los indígenas ya sabían cómo celebrar, emborrachándose con la chicha producida por la fermentación del maíz o el pulque que lograban con el maguey; los conquistadores ingleses trajeron a América la cebada y el trigo para hacer cervezas, y los españoles las cepas para producir las uvas de sus vinos.
Los conquistadores promovieron el alcoholismo de los indígenas y se transformó en otra forma de sometimiento y conquista. Consideran algunos estudiosos que la introducción de las bebidas fue otro de los regalos envenenados de Europa a las civilizaciones de la nueva tierra que llamaron América.
Pero en principio el aguardiente surgió como medicina, en el París de 1400, el médico francés Arnau de Vilanova, a quien los borrachos deberían de erigirle un monumento, heredó de los árabes el secreto de la alquitara y la destilación, y la llamaba “agua de vida”, atribuyéndole propiedades para reanimar el corazón, cura del cólico, la hidropesía, la parálisis, la peste y hasta el dolor de muelas.
Muchísimos años antes ya se consumía el aguardiente, producido con diferentes frutas, y cuando Alejandro Magno expande el imperio persa hacia el año 320 antes de Cristo, abre canales de comercialización entre Siria, Egipto y Sicilia.
La caña de azúcar aparece como cultivo comercial hasta el siglo XV, cuando es introducido en Portugal, y en el siglo XVI llega a Brasil; además los ingleses, franceses y holandeses la llevan a las Antillas, y la colonización impone también sus bebidas alcohólicas y solo sobrevive con importancia comercial el tequila.
Pues esa famosa caña, cuya destilación produce el guaro, hace que nuestros compatriotas miren doble, canten en los cumpleaños, bailen, regalen dinero, se confiesen, prometan, y en la parte menos graciosa de la celebración se pelean, insultan, ofenden, golpean, se lían a tiros, y causan terribles accidentes al conducir embriagados.
La cerveza tiene mejor imagen como bebida social, aunque su origen es antiquísimo, su expansión fue hasta principios del siglo XX, como ejemplo de producto industrializado, porque se trata de la fermentación de cereales, con levaduras y en el siglo XV se agregó el lúpulo, una fruta de planta trepadora que sirve para dar aroma y sabor amargo, pero tuvo que esperar el desarrollo de la microbiología, la máquina de vapor y la refrigeración para ser lo que es.
El vino se originó a un tiempo que el hombre se volvió sedentario y comenzó el cultivo de las uvas, higos, trigo y olivos. Algunas culturas llegaron a considerarlo de origen divino, porque se fermenta solo, al recibir las levaduras del medio ambiente y mezclarse únicamente con aplastar la fruta. Los grandes poetas del mundo le han cantado, desde Homero, Virgilio, hasta Neruda y Benedetti, y está en la música, en el cine.
“EL CAMINO DEL EXCESO”. Es el título de una canción de Héroes del Silencio, y sigue “quemamos con malas artes el espíritu del vino”. Con esa misma actitud muchos hondureños se beben la vida a tragos, y el exceso del alcohol llega al cerebro, les inhibe las funciones de la región frontal, por eso sufren de pérdida de memoria, concentración y autocontrol.
Y el pobre estómago que recibe la recarga sorbo a sorbo, aumenta la producción de secreciones ácidas y deja una terrible irritación gástrica. Mientras tanto, los pulmones aceleran el ritmo por la alta circulación del alcohol y en muchos casos llevan hasta un paro respiratorio.
El corazón aumenta su actividad y acelera el pulso, y con el alcohol circulando en la sangre disminuye el nivel de azúcares y deja la sensación de debilidad y agotamiento físico. Simultáneamente en la piel se incrementa la circulación sanguínea y produce sudoración.
El exceso de alcohol también pasa factura a los riñones, porque eliminan más agua de la que se ingiere y tiene que buscar líquido en otra parte, generalmente entre las membranas que cubren el cerebro y eso causa dolor de cabeza. A la par, el hígado, por la metabolización deja náuseas, vómitos y jaqueca.
Quienes beben excesivamente resumen todos estos efectos en dos palabras: goma o cruda.
“Llegó borracho el borracho, pidiendo cinco tequilas”, cantaba José Alfredo Jiménez, en una época cuando la bebida de asociaba a la hombría y a soportar las penas. Desafortunadamente el alcoholismo comienza, muchas veces, en la preadolescencia, dicen las estadísticas que la mitad de los colegiales ha probado licor alguna vez.
Pero las bebidas alcohólicas están ligadas profundamente a la cultura de los pueblos y a la vida del hombre desde que se formó en sociedad, por eso no se trata de eliminarlas o restringirlas, si no que dejen de beber hoy como si se fueran a morir mañana, porque a veces sucede.

 http://www.elheraldo.hn/Publicaciones/Revistas/Siempre/Crimenes55/Una-Navidad-pasada-por-alcohol

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