domingo, 26 de julio de 2009

Consideran a la marihuana puerta de entrada al debate de las drogas

Consideran a la marihuana puerta de entrada al debate de las drogas
Sarah Kershaw y Rebecca Cathcart
Existen defensores de la marihuana como tratamiento efectivo para ayudar a quienes luchan contra la adicción a drogas duras.

Fue como si un día se despertara y hubieran desaparecido décadas de su vida. Joyce, con 52 años, escritora en la Ciudad de Nueva York, empezó a fumar mota cuando tenía 15, y durante años fue un escape placentero, una nube protectora y tranquilizante. Entonces, se convirtió en una obsesión, en algo que necesitaba tener en el transcurso del día. Se dio cuenta que les ocultaba su adicción a familiares, amistades y compañeros de trabajo. “Llegaba del trabajo a la casa, cerraba la puerta, fumaba una bong (pipa para drogas), comía, ponía música y tenía a mi perro, y no veía a nadie hasta el otro día que iba al trabajo”, narró Joyce, quien, al igual que la mayoría de las demás personas de este artículo, solicitó no publicar su nombre completo porque no quiere que la gente se entere de su drogadicción pasada. “¿Qué clase de vida era esa? Hice eso durante 20 años”. Intentó dejarlo pero sentía ansiedad, estaba irritable, tenía insomnio y se sentía perdida. En un momento dado, se metió a la Fundación Caron, un centro de tratamiento en Wernersville, Pensilvania. Comentó que aun allí, algunos otros adictos – a la cocaína, la heroína o el alcohol – minimizaron su dependencia a la marihuana. “La realidad es que estaba enferma igual que ellos”, dijo Joyce. Ahora, asiste a Alcohólicos Anónimos, que también está abierto para drogadictos, y se casó hace poco. Fumar mota, comentó, “era una forma lenta de suicidarse”. Es típico que se piense que la marihuana, la droga ilícita más usada en el país, no destruye vidas. Como al alcohol, escritores y músicos, desde Louis Armstrong hasta Bob Dylan, han idealizado a la mota, y se la ha presentado como inofensiva o tonta en películas como “Horold and Kumar”. Y los expertos en adicciones están de acuerdo en que la marihuana no representa un problema de salud pública grave como es el caso de la cocaína, la heroína y las metanfetaminas. Sus riesgos palidecen en comparación con los del alcohol. Pero al mismo tiempo, la marihuana puede tener cinco veces la potencia de la cannabis de 1970, según el Instituto Nacional de Drogadicción. Y esta mota nueva y más potente, así como el creciente apoyo para su legalización, han llevado a un debate con frecuencia enconado sobre la adicción a la marihuana. A muchos funcionarios de salud pública les preocupa que se hayan incrementado los índices de adicción con esta marihuana más fuerte, y es potencialmente más peligrosa para los adolescentes, cuyos cerebros todavía se están desarrollando. Y los funcionarios dicen que el movimiento para legalizarla –ahora disponible con receta médica en 13 estados– resta importancia a los peligros del uso habitual. “Necesitamos ser muy conscientes de lo que estamos sacando de una caja de Pandora en esto”, señaló el doctor Richard N. Rosenthal, director de psiquiatría del hospital St. Luke Son más los adultos que se admiten ahora en centros para el tratamiento de adicciones principalmente a la marihuana y el hachís que para las de heroína, cocaína y metanfetaminas, según los datos gubernamentales más recientes de un informe de 2007 de la Administración de Servicios de Salud Mental y Abuso de Sustancias. Aún cuando el alcoholismo y la adicción a los opiáceos (que incluyen a los analgésicos y la heroína) son las dos principales adicciones del país, el porcentaje de quienes buscan tratamiento para la de la marihuana aumentó significativamente en comparación a hace 10 años, de 12 por ciento en 1997 a 16 por ciento en 2007. Los porcentajes de quienes buscan tratamiento para la de la cocaína (13 por ciento en 2007) y el alcoholismo (22 por ciento en el mismo año) bajaron ligeramente. Los defensores de la legalización de la marihuana y algunos especialistas en adicciones dicen que estas inquietudes son exageradas. Los datos de las admisiones, dicen, son engañosos porque los recopilaron dependencias gubernamentales que se oponen a la legalización; las autoridades competentes ordenaron a 57 por ciento de los admitidos que recibiera tratamiento para la adicción a la marihuana. (El porcentaje de los que se les ordenó recibir tratamiento fue más bajo para otras drogas, excepto para las metanfetaminas. El de los alcohólicos fue de 41 por ciento.) Los defensores e incluso algunos especialistas en adicciones dicen que el cannabis es un tratamiento efectivo para problemas médicos y emocionales, y que también puede ayudar a quienes luchan contra la adicción a drogas duras. El riesgo de la adicción, dicen, es menos problemático que el del alcohol y otras drogas. Por ejemplo, de las personas que habían usado marihuana, sólo nueve por ciento desarrolló adicción, según una investigación de 1999 del Instituto de Medicina de las Academias Nacionales, un organismo de investigación sobre ciencia y salud sin fines de lucro. De quienes bebían alcohol, 15 por ciento se hizo alcohólico. En el caso de la cocaína, la cifra fue de 17 por ciento y de la heroína, 23 por ciento. (Son las cifras más recientes del Instituto. Defensores y expertos en adicciones dijeron que no hay datos disponibles más recientes.) “La palabra adicción es tan fungible en nuestra sociedad, y simplemente el cannabis no encaja en esa definición pulcra, aunque se puede abusar de ella”, expresó Allen St. Pierre, director ejecutivo de la Organización Nacional para la Reforma a las Leyes sobre la Marihuana, un organismo de defensoría de la legalización. “Realmente, la ciencia ha probado, en todo caso, que el cannabis es probablemente una de las sustancias más seguras con las que podemos interactuar”. Muchas personas pueden fumar marihuana todos los días sin tener efectos negativos, dicen los defensores, al igual que muchos beben vino informalmente por las noches. Estos usuarios de marihuana no encajan en la definición clínica de adictos, que incluye la incapacidad para dejar de usar la droga, una obsesión incontrolable hacia ella y una mayor tolerancia. Javier V., de 24 años, supervisor en un parque industrial en Miami, comentó que ha fumado mota con regularidad, sin ningún problema, desde que tenía 14 años. “Después de un día muy ajetreado en el trabajo”, dijo, “llego a la casa, forjo un J y bueno, es un alivio para la tensión”. Pero también hay personas como Milo de 60 años, quien recientemente asistió a su primera reunión de Marihuanos Anónimos en Los Angeles. Comentó que empezó a fumar mota a los 13 años, y ha batallado para dejarla. También es alcohólico, dijo, pero no ha bebido ni un trago desde principios de 1980. “Estoy perdiendo cosas y personas”, dijo Milo después de la reunión. “Estoy alejado de mis hijos. He perdido dos casas, y estoy viviendo en mi furgoneta, básicamente desamparado”. Agregó: “Hay un montón de piezas, y no las puedo juntar”. Muchos expertos en adicciones dirían que el abuso en el consumo de marihuana, cuando menos, es uno más de los problemas de Milo. Y la nueva potencia de la droga ha aumentado en mucho las posibilidades de adicción, dicen funcionarios de salud pública. “Es como beber cerveza en contraposición con beber whiskey”, dijo la doctora Nora D. Volkow, directora del Instituto Nacional de Drogadicción, un organismo gubernamental, y fuerte opositora a la legalización de la marihuana. “Si sólo tienes acceso al whiskey, tu riesgo de una adicción va a ser más alto. Ahora que la gente tiene acceso a una mariguana con una potencia muy elevada, el juego es diferente”. © 2009 The New York Times

Fuente: http://www.notiarandas.com/noticias/default_oyc.aspx?id=967016

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